martes, 20 de octubre de 2009

Navarino y su hermana Imer


A veces me preguntan: ¿La Imerquiña es tu pierna?
Y yo les respondo: Si pero es la pierna que le falta.
-Es mi hermana.

domingo, 4 de octubre de 2009

Navarino y el negro gato de madera


Esto era lo que me faltaba. A mi viejo lo cambian de pega y a su oficina nueva llega con un reemplazo gatuno y de madera. Cómo se les suben los “humos a las cabeza” a los hombres cuando les pasan estas cosas de súper autoestima. El cuento no es menor ya que además aquella nueva mascota es grande, negra y FLACA. En esto último me gana por varios kilos que me dejan en vergüenza frente al gatunismo mundial. Lo bueno, por otro lado, es que -como es de madera- no puede ni escribir, ni pensar, ni mantener un blog tan dinámico como el mío. Por esa parte, le saco varios kilos de ventaja. Lo peor de todo es que uno se desgasta por mejorar la raza de gato negro fiel, amable y con buen gusto y este cretino se entromete como si nada en la oficina donde mi viejo pasa gran parte de sus días. Eso no tiene nombre. Hasta mi viejo puede guatear. Un acto de envidia, celos y uñas de terciopelo para el estático gato de color con el cual debo compartir los ronroneos familiares. Por suerte, sólo es en horario de oficina.

sábado, 22 de agosto de 2009

Navarino y la chuleta con vida

A veces me sale todo lo animal que llevo dentro. El otro día me encontré con unos restos de chuleta de chancho en la cocina de mi casa. Como pueden ver me la hice chupete. Un hueso duro de roer. En un momento, parecía que tenía vida propia. Pero no pudo vencer la fuerza felina del gato negro grande y gordo. Pie de imagen: en el fondo se ve mi hermana menor sin su cuarta pata. No es esa pata la que me estoy comiendo. Ojo. No soy un gato caníbal. Y no me como a mi hermana.

domingo, 2 de agosto de 2009

Navarino y su primera ingesta de pescado


Como todo buen gato, le tengo un particular cariño a los pescados. Sobre todo a los pescados de la Isla Robinson Crusoe que son sabrosamente endémicos. Son pescados que sólo se dan allí y nada más que allí. Hay “güatitas blancas” (“bacalaos”), “peces sol”, "viejas", "vidriolas", “albacoras”, “brecas”, “atunes”, “pampanitos”… Estos últimos se pueden pillar, casi como con la mano, en el mismo muelle de la población robinsoniana. Los tamaños son diversos y variados. Los atunes tiene la cabeza del porte de un chancho. El Pastilla -un isleño de “Más a fuera”- los tenía que cortar con serrucho por lo grande y grueso. ¡Daba miedo! Los pampanitos son pequeñitos y súper ricos. El que se ve en la foto es una breca. El mejor pez del mundo para ceviche. Yo salgo haciendo esfuerzos incalculables para hacerme chupete uno de ellos… Fue el primer pescado de mi vida. Tenía menos de un año. La indigestión fue terrible. Me comí un pescado más grande que yo. Ahora, once años después de ese encuentro, esta foto la guardo como un recuerdo de esa primera vez.

domingo, 19 de julio de 2009

Navarino: black & white or white & black


Permítanme criticar a quienes traicionan su color de origen. Sobre todo si es del negro al blanco. Es un problema de nuestra sociedad: siempre se ha querido blanquear. No es mi caso. Gozo de mi negritud y jamás me teñiría de otro color. Miren la foto de Michael Jackson. Fue despintándose hasta llegar a lo más fome y rancio de la transparencia blanca. Yo creo que perdió el estado del color en todo, no sólo en la piel… y por eso murió. Ahora todo el mundo lo venera y quiere, pero no hay que olvidar que se fue afeando en la medida que se iba emblanqueciendo. Yo creo que lo mejor es dejarse de diferencias, pensar "entre" el blanco y el negro y no dejarse llevar por uno u otro color… Si no es así, yo -como buen negro- siempre saldría perdiendo… y como los chicos no lloran… los gatos no pierden…

domingo, 21 de junio de 2009

Navarino y el gusto intelectual


Si de gatos intelectuales se trata, yo me pongo primero en la fila. Cuando era menos haragán, perdía tardes enteras cultivándome al ritmo de buenos y recordados autores. Llegaba a familiarizarme tanto con ellos que terminaba mimetizándome con sus contenidos de las maneras más exóticas del mundo. En ocasiones, fui una especie de condenado de la tierra, luego un felino de color orientalista. ¡Cuál recuperación del otro perdido! Como ejemplo, miren esta foto. Estoy una tarde de domingo, luego de terminar de leer el libro “La distinción. Bases sociales del gusto” de Pierre Bourdieu (un amigo de mi papá le dice pierre burdel) pololeando de lo lindo con el autor y con los contenidos que propone. ¡Ah! y si de contenidos se trata: ¿Quién dijo que sobre el gusto no hay nada escrito? El sr. burdel tiene la palabra.

domingo, 17 de mayo de 2009

Navarino: un chat enroulé


Esta es mi posición favorita. Me doy la vuelta sobre mí mismo y me enrollo de manera perfecta. Con esa pose no entran balas. Ni frío, ni calor. Temperatura ideal. Todo bien. Cuando llegas a un punto de relajación total, te olvidas de que eres gato, negro y gordo. Sólo estás en el trance gatuno del "enroulamiento". ¡Una maravilla! Los humanos no saben lo que se pierden. ¡Deberían envidiarme! Tienen que comprar frazadas y plumones para poder soportar un invierno común y corriente. Además, los humanos no tienen cola y no son tan flexibles para terminar de cerrar perfectamente ese placentero "enroulamiento". En cambio yo, no tengo atao, sólo me envuelvo sobre mí mismo y ¡san se acabó!